26/12/2014

Bitcoin: La cara más famosa de la revolución monetaria digital sin fronteras

BitcoinBitcoin está de moda aunque muchos aún no sepan qué es realmente. Seguro que todos habéis oido hablar de ella por las redes y los medios de comunicación. Bitcoin es una de las muchas monedas virtuales que circulan en Internet. Karmacoin, dogecoin, luckycoin, stablecoin… incluso pesetacoin son algunos de los nombres que recibe este tipo de dinero digital.

El bitcoin es un sistema monetario descentralizado, anónimo y seguro, independiente de Gobiernos y bancos; una moneda cifrada y con sistema de circulación P2P a través de Internet. Es la cara más famosa de una revolución en marcha. Funciona para hacer transferencias por internet, como medio de pago para operaciones entre diferentes monedas, para intercambio de bienes o servicios y para almacenar valor como cuando alguien ahorra dólares o euros.

Esta moneda digital fue creada en 2009 por Satoshi Nakamoto, del que no se sabe si es persona o grupo y del que, en cualquier caso, no hay ni rastro. Antes de desaparecer, Nakamoto dejó creado todo el sistema monetario para que finalmente circulen por el cibermundo 21 millones de bitcoins; de momento hay 12 millones de bitcoins en circulación con un valor aproximado de 7.000 millones de dólares.

 

Durante estos cinco años la moneda ha circulado por Internet al igual que otras tantas monedas virtuales; sin embargo, en el último año el valor del bitcoin ha aumentado de 10 a 500 euros y su uso no es solo para comerciar por Internet, sino también para hacer compras en tiendas físicas, bares, casinos y hasta para pagar matrículas universitarias.

Bitcoin es un fenómeno que despierta todo tipo de reacciones. Sus defensores consideran que revolucionará el comercio electrónico y el sistema económico establecido. Sus detractores, sin embargo, estiman que se trata de una fiebre que está creando una gigantesca burbuja. Entre estos últimos, el prestigioso economista y profesor de la neoyorquina Universidad de Columbia Xavier Sala-i-Martín.

Pedro Durá, profesor de Economía Monetaria y Financiera de la Universidad Complutense de Madrid es de los que piensan que se trata de un fenómeno interesante al que hay que seguir la pista. “No hay que tenerle miedo, el consumidor puede salir favorecido. Los que temen a bitcoin son los que tienen el monopolio de emisión de la moneda”, explica. “Una moneda que haga competencia a la que emiten los Gobiernos puede ser buena para que estos la cuiden y limiten sus emisiones”.

 

Muchos se preguntarán quien emite las bitcoins y donde se pueden comprar. Al carecer de un banco central, no se pueden acuñar monedas ni imprimir billetes lo que, por otra parte, sería un anacronismo que toparía con la concepción virtual de su red. Pues bien, para incentivar su uso, ocurre que cada diez minutos, los ordenadores conectados son sometidos a un reto y el ganador recibe 25 bitcoins o 12.500 dólares al cambio actual. El incentivo se mantiene durante cuatro años, momento en el que se reduce a la mitad. En cuanto a la compra de estas monedas, una opción es intentarlo a través de las rifas periódicas, pero la probabilidad de hacerse con bitcoins en la medida en que la red crece es cada vez más baja. Normalmente lo que la gente hace es adquirirlas a través de sites especializados de acuerdo con la referencia de ‘mercado’. Incluso en Vancouver, Canadá, hay un cajero que permite convertir el dinero de uso corriente en bitcoins. Una vez que las has comprado tienes que almacenarlas en unas carteras virtuales que incorporan los códigos secretos necesarios para poder ser transferidas a terceros. Hay programas desarrollados para esta encriptación en todos los sistemas operativos posibles. A fin de evitar el robo por parte de hackers se han creado bancos virtuales de bitcoins por empresas especializadas. Eso sí, si pierdes las claves, la desregulación de su mercado hace que te quedes con una mano delante y otra detrás.

 

Pero la gran pregunta sobre el Bitcon es si esta moneda virtual podrá reemplazar al dinero convencional. Aunque la respuesta parece clara a estas alturas, hay que insistir en que no es imposible pero sí muy improbable. Sin embargo, su arquitectura abierta la convierte en potencialmente disruptiva, pudiendo llegar en un momento dado a cuestionar los parámetros establecidos si aplicamos sobre su concepción el mayor de los voluntarismos. No obstante, la respuesta a día de hoy es no.

 

Autora: S. de la Rosa

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