11/10/2016

¿Cuánto nos costarían unas terceras elecciones?

El precio de unas terceras elecciones

El panorama político actual es tan incierto que resulta imposible descartar la celebración de unas terceras elecciones antes de que finalice el año para sacar a España del atolladero. La incapacidad de los partidos políticos para formar gobierno, a la que se suman las tensiones en el seno del Partido Socialista, hace presagiar un posible regreso a las urnas estas navidades. Pero, ¿cuánto nos costarían unas terceras elecciones generales?

En Kredito24 vamos a calcular el coste que supondría para los ciudadanos la celebración de unas terceras elecciones generales en España.

 

El precio de unas terceras elecciones

Podemos hacernos una idea de cuánto costarían unas terceras elecciones echando un vistazo a los datos de los dos últimos comicios celebrados en junio y en diciembre (recomendamos ver el post ‘¿cuánto nos cuestan las elecciones generales?‘ para echar un vistazo a datos anteriores). Según la información ofrecida por el diario económico Expansión, la organización de cada una de estas elecciones generales supuso un gasto de alrededor de 130 millones de euros, cantidad a la que habría que sumar, en cada convocatoria, “las subvenciones a los partidos por los votos obtenidos y el dinero que a cada nueva campaña dedican las fuerzas políticas”.

Ha sido el propio Ministerio del Interior quien ha detallado la distribución de esos 130 millones en cada una de las generales celebradas en los últimos meses: 55 millones de euros fueron para las administraciones públicas; 48 millones correspondieron a los gastos de Correos; 12,8 millones se destinaron a las telecomunicaciones; y 12,5 millones fueron a parar a la partida de logística. Finalmente, cuadran las cuentas los casi 1,7 millones que se decidieron reservar para imprevistos en cada uno de los casos.

El precio de unas terceras elecciones

Pero, como decíamos, ahí no queda todo. La campaña electoral de cada partido conlleva un importante desembolso económico que, en buena parte, es soportado por los españoles. Y es que las autonomías llegan a pagar hasta el 90 % del despliegue efectuado por los grupos políticos las semanas anteriores a la cita con las urnas. La cifra límite de la ayuda se calcula multiplicando por 0,37 el número de habitantes mayores de 18 años de cada circunscripción. Eso sí, a esta ayuda solo tienen acceso los partidos que tienen grupo parlamentario.

El dinero se transfiere después de las elecciones, una vez que cada formación política ha justificado debidamente sus gastos y ha pasado el visto bueno del Tribunal de Cuentas, que elabora un informe a partir de los datos fiscales de cada grupo. No obstante, la administración pertinente se encarga de ingresar un adelanto en la cuenta de cada partido al comienzo de la campaña que iguala el 30 % de la subvención recibida en el proceso equivalente inmediatamente anterior. Para hacernos una mejor idea de las cifras que se manejan, vamos a ver el gasto que cada partido dedicó a su campaña electoral previa al 20 de diciembre y al 26 de junio.

No hay sorpresa a la hora de comprobar los dos partidos que se dejaron un presupuesto mayor en sus campañas electorales de diciembre: Partido Popular (invirtió 12,2 millones de euros en dar a conocer sus propuestas a los españoles) y Partido Socialista (dedicó 8,9 millones a la misma tarea). De lejos le seguían Ciudadanos (con un gasto de casi 4 millones de euros) y Podemos (que invirtió un presupuesto de 2,8 millones de euros).

En las segundas elecciones la palabra más pronunciada fue ‘austeridad’, aunque nos resulte difícil asimilarlo cuando tratamos cifras tan altas. El Partido Popular se comprometió a reducir en un 30 % el presupuesto para su campaña electoral del 26 de junio, y los socialistas tomaron la decisión de ahorrar algo más de dos millones de euros en propaganda y promoción. Ciudadanos, por su parte, recortó en 800.000 euros su presupuesto, quedándose en la cifra de 3,2 millones de euros. El partido que, lejos de ajustarse el cinturón en esta partida, decidió invertir un poco más en la difusión de sus propuestas fue Podemos, que alcanzó los 3,2 millones de euros de gasto previo a las elecciones generales del 26 de junio, frente a los 2,8 millones gastados en diciembre.

  • Además, celebrar unas elecciones generales conlleva un importante despliegue de seguridad, que implica a alrededor de 90.000 agentes entre policías y guardias civiles, y que en los últimos comicios se contabilizó en 12,7 millones de euros. Un gasto que resulta muy complicado abaratar.
  • Lo mismo ocurre cuando analizamos el gasto que trae consigo la adecuación de cada colegio electoral (la adquisición, montaje y transporte de las cabinas y de las urnas), que asciende a algo más de 370.000 euros, y la compensación a los miembros de las mesas electorales que se encargan de atender a los ciudadanos y de realizar el recuento de los votos, que supera los 11,7 millones de euros.

Con todos estos datos, bien podemos hacernos una idea de cuánto costarían unas terceras elecciones. Y es que todo parece indicar que, si se convocaran los terceros comicios estas navidades, los gastos serían muy similares a estos que acabamos de mostrar, lo cual nos llevaría a sumar un desembolso total cercano a los 500 millones de euros en algo menos de un año para poder contar con un nuevo Gobierno.

Los gastos posteriores a las elecciones

Los gastos posteriores a las elecciones

Una vez celebradas las elecciones generales, a los partidos políticos se les asignan unas subvenciones en función de sus resultados electorales al Congreso. En las últimas elecciones del 20 de diciembre y el 26 de junio se fijaron 21.167,64 euros por cada escaño en la Cámara Baja y 0,81 euros por cada voto obtenido, siempre y cuando se lograra un escaño.

La Cámara Alta no funciona de manera muy diferente: los partidos que obtuvieron representación en diciembre y en junio recibieron 21.167,64 euros por cada senador, y 0,32 euros por cada voto contabilizado.

En el caso de que se celebraran unas terceras elecciones generales, lo más probable es que se repitieran estas mismas asignaciones, por las que los partidos políticos no dudarían en competir en la que sería su tercera campaña electoral en el plazo de doce meses.

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